martes, 8 de septiembre de 2015

Cumpleaños con paintball y ranas toro

Amekaitam, el 06 de setiembre fue un día especial en mi familia. Fue un día de doble celebración: mi hermano menor cumplió 22 años y a la vez terminó su carrera de Ingeniería Mecánica y Eléctrica.
Nos reunimos toda la familia y amigos para celebrar, se comió torta/pastel/bolo (en este caso fueron tres muy originales) y se cantó el happy birthday.


 Pero este cumpleaños fue diferente, lo celebramos invitando a los amigos a jugar paintball en la finca de mi abuelo, donde hemos habilitado un espacio para practicar este deporte.

La idea de tener un campo de paintball surgió en la búsqueda de darle a la gente de la ciudad de Jaén una forma diferente de pasar los momentos de ocio, una forma de inyectarle diversión sana a la monótona vida de muchas personas además de ponernos a la altura de ciudades costeras como Trujillo o Piura donde existe más oferta en el rubro del entretenimiento.


Por otra parte aproveché la ocasión para hacerle degustar a mi familia un producto en el que estoy esperanzado, que proviene de un emprendimiento de ganadería alternativa de buen rendimiento y aceptación en países como Brasil, Chile y EEUU: la carne de rana toro.

Este anfibio, más grande que los anfibios comunes, es criado para fines de consumo humano en el vecino país del Ecuador, en zonas que poseen el mismo clima que mi ciudad como son Yantzaza y Piuntza. En el vecino país esta actividad comercial lleva realizándose por más de 20 años, destinan casi la totalidad de su producción para abastecer  al mercado estadounidense, y con el remanente de su producción, es decir, lo que no exportan, se ha creado una cultura local de consumo en ciudades como Zamora del Chinchipe y Loja, pero en bajas cantidades.

Hace unos meses en un viaje hacia Loja, y habiendo leído durante muchos meses acerca de la existencia de este animalito, decidí escaparme en su búsqueda hacia la ciudad de Piuntza, la más próxima con criadores de ranas o "ranicultores", como se les llama a los que se dedican a esta actividad. Llegué a probar la carne y traje algunas muestras conmigo, además de traer unas 6 ranas vivas las cuales las tengo para exhibición.

Retomando la ilación, hice los arreglos para recibir unas 15 libras de ranas para hacer degustar a mi familia y amigos, reacios al principio a probar esta carne exótica; fue fácil convencerlos de probar la carne, la cual cociné como si fuera pollo. El rico olor que desprendían al ser cocinadas “mechaditas”, sumado al hambre que provoca la rutina dominical de tomar desayuno a las 10 a.m. sumó a mi favor. Mamá, papá y hermanos todos desayunaron rana toro.


Por la tarde después del almuerzo central consistente en Cabrito a la Norteña macerado en chicha de jora y antes de jugar paintball, preparé el anfibio para mis primos pequeños, frito solo con sal; el resultado fue que no quedaron ni los huesos, éxito total.


Por la noche, cansado, después del juego y la celebración cogí la moto para volver a casa y prepararme para volver a mi realidad, con la satisfacción de haber pasado un buen día y haber roto un tabú gastronómico en mi familia (cocinaron las ranas, las repartieron y degustaron todos).
Pdt: Mi almuerzo de hoy fue rana frita, gracias a que mi madre me puso un tupper con comida, supongo que vaticinó mi día lunes volviendo hambriento a la planta de operaciones donde trabaja tarde y sin posibilidad de encontrar almuerzo. Sekuashat mamá.


Pumata! 

No hay comentarios:

Publicar un comentario