Amekaitam! De vuelta al teclado, fue un día soleado y radiante en la ciudad de Chiclayo, aunque frío de igual modo, por el viento invernal que aún nos aqueja.
Para mi familia, hoy fue un día triste, si bien uno nunca llega a conocer a todos sus parientes, las generaciones anteriores, aún se frecuentan, se recuerdan, y se reúnen, especialmente en acontecimientos como éste: una tía abuela, prima de mi abuelo materno, pasó al mundo astral hace dos días, y hoy fue su entierro.
Las cosas van así, el tiempo es un vector de una sola dirección, y la muerte es parte de la vida.
Pero la razón de este post, es para contar lo que no sé si sea una pequeña afición, o fijación que tengo cuando voy a los cementerios; no es que me guste ir a los cementerios, es más, los evito, pero cuando voy me sucede algo extraño; me siento raramente atraído por las historias y la genealogía de los nombres detrás de las lápidas.
A que creyeron que era necrofilia!... sádicos!
Fuera de bromas, ya en el cementerio (Jardines de la Paz), y mientras hacían los preparativos para la ceremonia del último adiós, me tomé la molestia de recorrer varios pabellones de tumbas, buscando nombres e historias que podrían resultar interesantes, y encontré dos!
Dos lápidas en realidad, que pueden solo ser nombres, pero cuya escritura me llamó mucho la atención. Y por escritura me refiero al alfabeto en el que están escritas, la primera en cirílico, es decir, el alfabeto utilizado en Rusia para representar los sonidos de su idioma, y el segundo en kanjis chinos, debajo del nombre romanizado, es decir, del nombre escrito en alfabeto latino que es el que usamos.
Yuri Aleksevich Beroizin
Sacando mis conclusiones, esto demuestra lo cosmopolita que ha sido siempre la ciudad de Chiclayo, atrayendo siempre a inmigrantes de lejanas tierras, que vivieron y murieron amando esta tierra; y además deja en claro la diversidad de razas, si es que se les puede llamar hoy así, que existe aquí.
Siguiendo el recorrido identifiqué apellidos de las más diversas procedencias, alemanes, italianos, japoneses, koreanos, muchiks, etc.
Supongo que esto es normal en un continente de inmigrantes, donde la mayoría es descendiente de los que vinieron a probar fortuna y buscarse una nueva vida en el nuevo mundo; aquí se mezclaron con los locales y ahora somos la raza peruana. Es que en el Perú, quien no tiene de inga, tiene de mandinga.
Y para terminar debo decir que en el pasado ya tuve la oportunidad de visitar otros cementerios de otras ciudades como de son Chachapoyas, donde encuentras muchos apellidos ingleses, galeses, y propios de la zona; el cementerio de Jaén, donde se encuentran enterados varios personajes de apellido italiano, el cementerio de Pozuzo, donde casi todos los nombres son alemanes, al ser esta una colonia alemana en plena selva peruana. En fin, creo que recién hoy he sido realmente consiente de esta pequeña manía mía por buscar historias en los camposantos.
Bueno, no sé si esto será interesante para ustedes, pero gracias por leerme. Sekuashat, Pumata!


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