Amekaitam! ¿Cómo han estado kumpajus? Hoy les contaré la interesante aventura que tuve el fin de semana.
Lambayeque es un centro arqueológico muy importante, y como peruanos es nuestro deber conocer aunque sea una pequeña parte de estos, en especial si vivimos en Lambayeque, y estudiamos en la Pedro, ya que estamos cerquísima. Uno de esos tantos lugares es el centro arqueológico de Túcume, a 24 km de aquí de Lambayeque, donde se encuentran los restos de grandes pirámides ceremoniales, de vivienda, y de diferentes usos construidos hace 9 siglos por los Mochicas y abandonados después de la conquista española del reino de los Incas, en 1572, tras la caída del último Inca Tupac Amaru I a manos de Francisco de Toledo.
Es importante conocer de nuestro pasado, es importante conocer nuestras raíces, porque solo así aprenderemos a valorar nuestra tierra, nuestro país, nuestra cultura. Da cierta vergüenza ajena saber que en el exterior valoran más nuestra cultura que aquí mismo, y desde aquí los animo a conocer lugares de interés que nos harán henchir de orgullo y decir fuerte: Soy descendiente de estos grandes hombres, de estos magníficos constructores, agricultores, orfebres, guerreros y conquistadores que habitaron estas hermosas tierras y nos legaron invaluables tesoros en forma de arquitectura, obras hidráulicas, artesanía, joyas y un largo etcétera.
Esta vez me tocó conocer Túcume, y no de cualquier manera, sino sobre una bicicleta. El paseo surgió de la nada, como suceden las mejores cosas, sin planificación previa. Ya me rondaba por la cabeza la idea de visitar las tan mencionadas pirámides, y con cierta vergüenza digo que aún estando tan cerca, y pasando infinidad de veces cerca, nunca me atreví a conocer.
Pero este viernes eso cambió, y con un amigo, dos bicicletas y mucho ánimo de conocer, emprendimos el viaje a eso de las 11 de la mañana.
El camino de ida fue relativamente fácil, el camino es plano y recto, sin contratiempos y a ritmo medio, hicimos el recorrido hasta la ciudad en una hora y media.
Cerca de Túcume, está Mochumi, 5.6 km antes de llegar al pueblo desde donde seguiremos las indicaciones para llegar al sitio arqueológico
Llegada a Mochumí
Túcume ciudad
Las instrucciones para llegar son simples y todo está correctamente señalizado, además es difícil no darse cuenta de la ubicación de las pirámides, dado su tamaño descomunal.
La estrada cuesta 5 soles para universitarios, y 8 general, y te permite ingresar al museo de sitio, al mirador y a la huaca Las Balsas.
Ya en el interior del museo de sitio observamos varias maquetas que representan a escala de 1:500 la forma original de tuvieron algunas de estas pirámides y el posible uso que tuvieron. Por la forma yo más las compararía con los zigurats de la antigua mesopotamia que con pirámides.
Réplica a escala
Aparte de las maquetas, en el museo de sitio encontramos muestras de cerámica representativa de las distintas sociedades que ocuparon el valle, en sendas épocas, algo de la historia de los estudiosos y descubridores del lugar y una historieta que resume la historia del valle
Luego de esto, tomamos nuestras bicicletas y siguiendo una ruta bien definida, delimitada por piedras alrededor del camino, llegamos a una Huaca cubierta por un techo y muy bien descrita, llamada Huaca las Balsas.
El recorrido es interesante, por la información detallada que contiene y los trabajos de restauración que se pueden observar, sobretodo en las representaciones gráficas, los altorelieves que nos cuentan la historia del lugar.
Exterior Huaca las Balsas
Interior Huaca Las Balsas
Siguiendo el camino, ahora para llegar a la zona del mirador, nos topamos con una muestra a escala real, de lo que serían las viviendas típicas mochicas, hechas de quincha y con techos de paja. Como dato curioso, se dice que este material es ligero, resistente y super confortable de habitar, ya que mantiene la temperatura correcta en cualquier época del año, caliente en invierno y fresco en verano.
Casitas a escala
Un poco mas allá, encontramos una moderna estructura, la cual sería utilizada en un futuro próximo para albergar el nuevo museo de sitio, más amplio, con más información y con mejores condiciones para la conservación de los elementos encontrados en el lugar.
Nuevo museo de sitio visto desde el otro ángulo
Unos metros más allá, encontramos una pequeña laguna artificial, donde crece carrizo, la cual está recubierta por un geotextil, al parecer el mismo utilizado en las pozas de oxidación y cuya finalidad debe ser retener el agua, dadas las condiciones del suelo que posee un alto grado de permeabilidad.
En seguida nos topamos con un pequeño viviero y biohuerto, como describe el letrero, el cual contiene muestras representativas de la flora del lugar, ya en la entrada habíamos visto árboles y arbustos, como el típico algarrobo, el pay pay y los faiques característicos del bosque seco de esta zona.
Algo importante que no debo dejar de mencionar es que el lugar encontramos la típica fauna del bosque seco, compuesta principalmente por reptiles y aves, llegando a observar lagartijas comunes en nuestro recorrido, pájaros carpinteros, y buitres cabeza roja; sobre esto creo recordar haber leído alguna vez, que esta zona forma parte de uno de los corredores de observación de aves más importantes del mundo, es decir, el paraíso de los ornitólogos.
Más adelante, y siguiendo la ruta demarcada, esta vez a pie, llegamos a la base del mirador, donde unas empinadas escaleras nos esperan, pero no nos amilanamos y enseguida empezamos el ascenso, hasta la cima.
Escaleras al mirador
Vista desde la cima
Desde tan alto se observa todo el valle en los 4 puntos cardinales, hasta que se pierde la vista en el horizonte.
Se observan muchas otras huacas, distribuidas a lo largo de todo el valle, y la inmensa cantidad de campos de cultivo de la zona.
En la subida nos encontramos con unos turistas españoles, intercambiamos palabras e impresiones acerca del significado de semejantes obras y estructuras, y de otros posibles recorridos en el futuro. Mi compañero recogió algunos deshechos dejados en el mirador, dejados, ojalá no por turistas nacionales; descansamos un rato y decidimos que es hora de volver.
Portón de salida/entrada de la ciudad de Túcume
Concluido el recorrido por el circuito, emprendemos el inmediato retorno, esta vez con una dificultad aproximada del triple comparada con la ida, y es que en el regreso, a parte del cansancio, el hambre, el calor, ahora tenemos el viento en contra; disminuimos el ritmo y a paso lento pero seguro, regresamos a nuestro querido Lambayeque con una sonrisa en los labios, que es en parte alegría por haber logrado la ruta, pero en mayor proporción por la satisfacción de haber conocido más nuestro país y tener un renovado sentimiento de peruanidad latiendo fuerte en el pecho.
Valió la pena los más de 50 Km recorridos en total. Volvería a hacerlo hasta a pie.
Sekuashat!... Gracias por leerme gente. Buenas vibras. Los animo a recorrer el Perú, que como pueden ver tiene tanto de maravilloso.
















No hay comentarios:
Publicar un comentario